El origen de la traducción

Los expertos sitúan el origen de la traducción en la piedra Rosetta. En esta piedra, de más de un metro y 800 kg, estaba escrito el decreto que ensalzaba la figura del faraón Ptolomeo V en el primer aniversario de su reinado, en el año 196 a.C. en tres idiomas distintos: jeroglíficos, escritura demótica y griego. A partir de ese momento, la piedra Rosetta fue considerada el primer documento traducido, y permitió a sus investigadores descifrar finalmente el significado de la escritura jeroglífica, ya que era desconocido hasta el momento.

 

 

 

 

 

 

 

 

Por otro lado, en esta misma época, griegos y romanos hicieron una gran aportación a la traducción, ya que el Imperio Romano transcribió gran parte de la literatura griega al latín, como la Odisea llevada a cabo, por Livio Andrónico.

 

La desaparición del hebreo como lengua religiosa dio lugar a la búsqueda de un idioma al que traducir dicha lengua prácticamente extinta y que pudiera ser entendible por el pueblo judío. La lengua griega fue la elegida.

 

Posteriormente, en el siglo II d.C. comenzaron a surgir las primeras traducciones del Antiguo Testamento en latín, denominando Vetus Latina. Dos siglos más tarde será San Jerónimo y su traducción de la Biblia (también llamada la Vulgata) el que cambiará por completo la historia de la traducción. La Vulgata ha sido la traducción más divulgada y la única a la que la Iglesia le dio legitimidad en su momento. Aunque sufrió modificaciones en algunos aspectos con el paso de los siglos, esta fue la versión que imprimió Gutenberg por primera vez en 1452.

 

 

 

 

 

 

 

Más adelante, en los siglos IX y X, Bagdad pasó a ser el centro neurálgico de la traducción. Allí comienzan a traducirse documentos filosóficos y científicos griegos ya existentes. La rápida expansión de estas traducciones se debe al territorio español, ya que estaba bajo el dominio musulmán, cuya función era actuar como puerta de entrada hacia Europa. La península era en ese momento un territorio multicultural donde convivían las culturas cristiana y judía, aparte de la musulmana; todas ellas con lenguas distintas , por lo que la traducción era una necesidad. Esta riqueza tanto cultural como lingüística permitió un periodo próspero en el que las palabras y los conocimientos pasaban de un idioma a otro y los traductores jugaban el papel de portadores de ideas.

 

 

 

 

 

Posteriormente, sería Toledo la mayor representante de la convivencia de las tres culturas, de donde surgieron múltiples proyectos de traducción de diferentes textos clásicos grecolatinos alejandrinos del árabe al latín. Era raro una traducción directa entre ambos idiomas, ya que en la mayoría de ocasiones existía una traducción intermedia a la lengua vernácula emergente: el castellano. Aunque existe cierta controversia sobre el fundador de la Escuela de Traductores de Toledo, se sabe que esta comienza a funcionar el el siglo XII de la mano de Raimundo de Sauvetât, arzobispo de Toledo y canciller de Castilla. La Escuela se dedicaba a la traducción de textos mayormente teológicos y filosóficos. Un siglo más tarde, Alfonso X “El Sabio”, institucionalizará la Escuela y actuará como mecenas de múltiples científicos y eruditos que llevarán a cabo traducciones de textos astronómicos, médicos y científicos además de obras recreativas.

La llegada de la imprenta volvió a revolucionar el panorama. Las lenguas vernáculas estaban en su mayor apogeo lo que fomentaba la difusión de conocimientos e influiría profundamente en el desarrollo de la traducción. El avance en el ámbito industrial, comercial y científico del siglo XIX y la posterior globalización de las relaciones comerciales y diplomáticas, dio como resultado un auge de intercambios lingüísticos, y con ellos el oficio de la traducción cobró más importancia que nunca. El incremento de traducciones y el desarrollo de los procesos de traducción evolucionaron con el paso de los siglos, pero lo que marcó la diferencia en este ámbito fueron las nuevas tecnologías. Actualmente cada vez hay más herramientas que ayudan en los procesos de traducción a la vez que suponen una amenaza para esta profesión. Sin embargo, cada día los traductores seguimos avanzando y superando obstáculos para seguir llenando el libro de la historia de la traducción que aún no ha llegado a su fin.